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Muévete por el laberinto y come todos los puntos. Evita a los fantasmas; las píldoras de poder los vuelven vulnerables.
Recorre el laberinto comiendo puntos y huye de los fantasmas. Come una píldora de poder y dales caza.
Pac Muncher revive el laberinto más famoso de la historia del arcade, con esa dualidad tan característica entre presa y depredador que lo hace único. La mayor parte de la partida eres tú quien huye, midiendo cada esquina para no acabar acorralado entre dos fantasmas que se acercan desde direcciones opuestas. El truco no está en correr sin parar, sino en aprender las rutas del laberinto lo bastante bien como para tener siempre una salida de emergencia, en lugar de meterte en pasillos sin escapatoria persiguiendo el último punto suelto. Y entonces llega la píldora de poder, que le da la vuelta completa a la dinámica: de repente eres tú quien caza, y los fantasmas que antes te perseguían ahora huyen de ti. Ese cambio de roles dura poco, así que hay que aprovecharlo bien — perseguir al fantasma más cercano en vez de lanzarte a por el más lejano, que probablemente recupere su color antes de que lo alcances. Limpiar el laberinto entero de puntos exige paciencia y memoria espacial a partes iguales; un despiste cerca de un fantasma normal y toda la partida se acaba de golpe. Un clásico que sigue funcionando exactamente igual de bien que el día que se inventó.